Si te hubieses llevado
todas las flores de la tierra
aun así
te seguiría queriendo.
todas las flores de la tierra
aun así
te seguiría queriendo.
Todo culto necesita
representar de la misma manera el mundo sagrado, capaz de crear un nexo común
entre sus adeptos: mitos, ritos, símbolos, liturgias, dogmas, estructuras, etc.
Vayamos con el papado; para los católicos el papa es el hombre que se sienta en
la silla de obispo de Roma, argumentan que el primer papa fue el apóstol Pedro
y desde entonces se ha mantenido una línea sucesoria ininterrumpida hasta
ahora: después de San Pedro vino San Lino, luego San Anacleto, siguió San
Clemente... por tanto la iglesia católica siempre ha tenido un vicario de
Cristo en la Tierra. El término papa (pàppas en griego, ‘padre’ o ‘papá’) se
usaba en el siglo III para referirse a los obispos en Asia Menor, a partir del
siglo XI se generaliza su uso de forma exclusiva en occidente para nombrar al
obispo de Roma. En torno a la historia de los santos pontífices que ocuparon el
trono de Pedro en el primer milenio se cuenta la leyenda de la papisa Juana,
mujer que las vicisitudes de la vida, el amor y un buen disfraz la llevaron a
ser elegida papa entre los años 853 y 855; consagró curas, ordenó obispos y
quedó embarazada de un cardenal dando a luz a un hijo en el transcurso de una
procesión, el niño fue ahogado por los sacerdotes que integraban su sequito;
obviamente la versión oficial de la Iglesia expone que del 853 al 858 llevó la
corona papal León IV. Abandonamos lo humano, pasamos a lo simbólico; el símbolo
supremo por antonomasia del cristianismo es la cruz. Aunque el uso de la cruz
por las comunidades cristianas se remonta al siglo III, se dice que la causa de
su popularidad fue el sueño premonitorio que el emperador Constantino I el
Grande (270-331) tuvo antes de la batalla de Puente Milvio contra Mejencio: vio
una cruz envuelta en llamas rodeada con la frase «in hoc signo vinces» (‘con este
signo vencerás’ y venció). Como rito de purificación se mantiene el bautismo,
los primeros cristianos no bautizaban a los recién nacidos, sino a las personas
con cierto conocimiento, fue mucho más tarde cuando se inicia la práctica de
bautizar a los recién nacidos con el fin de que no vagasen eternamente en el
limbo; posiblemente esta práctica más moderna derive de antiguas costumbres
persas: cuando nacía un niño lo purificaban y le daban el nombre derramando
agua lustral sobre su boca. Haciendo presente la última cena se instituye la
ceremonia de la santa misa, la divina liturgia, la eucaristía, etc. El dogma se
fija en los concilios; en el Concilio de Nicea (325), primer concilio
ecuménico, se afirma la divinidad de Jesucristo y, lo más importante, el
cristianismo sale reforzado y reconocido dentro del Imperio Romano. Nace un
nuevo poder.
Avanzan los siglos, época de
descubrimientos y de cambios en la cultura, en las costumbres, en las
sociedades y en el cristianismo. Un nuevo cisma debilita la unidad de la
Iglesia, en el siglo XVI la Reforma, un movimiento religioso iniciado por el
fraile agustino Martín Lutero dentro del cristianismo alemán, dará origen a la
formación del protestantismo. En el siglo XVIII la Ilustración francesa
establece el culto a la razón como interpretación de la verdad en todos sus
órdenes, rechaza frontalmente a la Iglesia católica a la que acusa de
intolerante, intransigente y atrasada; la Iglesia se defiende con los medios
tradicionales: excomunión, censura de libros, peticiones de ayuda a los poderes
públicos, obras apologéticas, etc. que no hacen más que agravar las
diferencias. Hecho relevante en este siglo fue la persecución que sufrió la
Compañía de Jesús víctima de las disputas con otras corrientes doctrinales y de
las luchas de poder con el papado y las monarquías borbónicas europeas. La
Revolución francesa entierra el Antiguo Régimen, el absolutismo, introduce la
idea de la separación de poderes entre la Iglesia y el Estado; da paso a la
época contemporánea.
Es condición del poeta maldito sufrir un amor atormentado o no
correspondido, la felicidad termina en el desamor como la juventud en la
muerte. Poeta del amor y la muerte, de hermosos ojos negros, que pone en valor
la intensidad de la existencia marcada por la brevedad de la vida. Mujer
liberada, de ideas feministas, comprometida socialmente, espíritu inquieto y
vida bohemia, incapaz de asumir la responsabilidad de una ocupación estable y
tediosa. Inteligente y melancólica, esconde dentro de su alma desdichada un
hilo de esperanza que se sostiene en los tonos de la ternura, en los límites de
la insatisfacción y en los arrebatos de la alegría. Rebelde, orgullosa,
valiente, vive con pasión en un tiempo fugaz experiencias inaceptables para una
chica de su generación, vilipendiada por una sociedad conservadora, exterioriza
su autenticidad como pocas mujeres de su época han tenido la oportunidad de
poder exteriorizar. Pronto siente que el amor va en serio, que la libertad
personal va en serio, que la poesía va en serio, que la vida va en serio, que
el desengaño y la muerte van en serio. Su sensibilidad, su temperamento
poético, su leyenda trágica y maldita componen una figura literaria dramática y
seductora.
La sociedad de Kalamata, como suele suceder en muchas ciudades
provincianas, es cerrada y conservadora; ambiente poco afín para una muchacha
de conciencia rebelde. María, huérfana y libre para tomar sus propias decisiones,
acogiéndose a la ley, solicita el traslado de su puesto laboral a la prefectura
de Ática y Beocia. En 1921 emprende un nuevo y solitario camino, se instala en
Atenas y establece su residencia en el barrio de Exarchia, calles donde se congregan
artistas bohemios e intelectuales revolucionarios, jóvenes impulsados por la
voluntad de desafiar los convencionalismos sociales en una Grecia menoscabada
por su presente histórico (periodo de entreguerras, convulso en toda Europa);
jóvenes que ven en el arte la salvación de sus vidas a riesgo de encontrar la
oscuridad buscando la luz; algunos fueron víctimas de la enfermedad, las
drogas, el suicidio o la marginalidad de la lucha por la supervivencia. Muy
posiblemente, motivada por su pensamiento, su conciencia e inquietud política
en pro de los derechos de las mujeres, María se matricula en la Facultad de
Derecho de la Universidad de Atenas y no en Filología como (ya se dijo) era el
deseo de su fallecido padre. En diciembre de este mismo año conoce a Kostas
Karyotakis compañero de trabajo en el servicio público, poeta publicado pero
aún poco conocido, con el que entabla una relación tan breve como intensa que
compondrá, junto a la muerte de sus padres, el eje sobre el que girará su obra
y su vida.
Después de la separación, sumida en una profunda tristeza y sensación de
abandono, María comienza a adelgazar, siente su cuerpo tan fatigado como su
alma, el médico le manda reposo y aire puro; pasa unos meses en la campiña,
posiblemente comienza a padecer los primeros síntomas de la tuberculosis. Una
vez repuesta, en 1924, con la imagen de Karyotakis siempre en mente (a él nunca
le responsabilizó de la ruptura), conoce al abogado Aristotelis Georgiou, joven
guapo de excelente economía que había estudiado en Europa y acababa de regresar
de París; la pareja parece consolidarse y a principios de 1925 se comprometen.
Corren aires de cambios en la vida de Polydouri, el sofocante ambiente de las
oficinas de la función pública casa mal con la naturaleza de un temperamento libertario,
es despedida del trabajo por absentismo laboral; tampoco es mayor el interés
que pone en sus estudios universitarios, abandona la Facultad de Derecho a
mitad del último curso. Para compensar tanta frustración, María dirige su interés
hacia el arte dramático: tiene una bella voz, baila con soltura y quiere
mostrar sus dotes interpretativas sobre los escenarios; según testigos, debuta
como actriz principal en una pequeña obra de teatro. No deja de lado su
verdadera vocación, la literatura, en el verano de 1925 comienza a escribir una
novela sin título que nunca verá publicada. Inconstante en todo, incapaz de
concentrarse en una actividad o en una relación, escribe una carta sincera y
honesta a Aristotelis Georgiou finalizando la relación.
Al poco de desembarcar en Atenas María Polydouri ingresa en el hospital
público Sotiría. Su hermano Kostas paga de su bolsillo la mejor habitación
posible, pero el dinero se va acabando y es trasladada a una habitación de
tercera clase en un ambiente menos salubre y más bullicioso. Harta del ruido y
la masificación, María solicita que la trasladen al pabellón donde albergan a
los pacientes moribundos. En el sanatorio coincide y entabla amistad con el
gran poeta griego Yannis Ritsos (1909-1990), conoce al poeta y dramaturgo Ángelos
Sikelianós (1884-1951) y a la actriz de teatro Marika Kotopouli (1887-1954). Aunque
el riesgo de contagio de la enfermedad es alto, son numerosos los amigos que
van a visitarla, su pequeña habitación compartida se convierte en un polo de
atracción principalmente para jóvenes literatos que desean conocerla. Entre
todas las visitas que recibe la más especial y significativa de todas es la de
Kostas Karyotakis, semanas después de este encuentro, el 21 de julio de 1928, el
poeta, de un disparo en el corazón, se suicida en una playa a orillas del mar
Jónico. Informada del infausto final del amor de su juventud, María se
derrumba, se envuelve en un amargo silencio al que sólo pone palabras la
poesía. Aunque ya en su etapa de estancia en París había comenzado a escribir
poemas, son los dos últimos años de su vida cuando formaliza su dedicación; a
finales de 1928 publica su primer poemario Los
trinos que se extinguen, el libro merece la atención de la crítica y su
figura se hace popular en el panorama literario griego.
Cuenta el escritor Angelos Terzakis (1907-1979), testigo del funeral, que
fue un acto íntimo, familiar, para los pocos jóvenes amigos allí presentes un
acto casi secreto, la despedida de una persona con la que se sentían unidos e
identificados. Por la falta de recursos económicos de la familia para poder
mantener una tumba individual, los restos de María Polydouri descansan en una
fosa común en el Cementerio de Atenas. Quedan vivos los poemas, las cartas, los
diarios, las prosas y el mito romántico del talento, la belleza, la juventud y
la tragedia del amor maldito.