lunes, 15 de abril de 2019

CUENTO ÍNFIMO.42

Pantallas faraónicas exponiendo a sus líderes con lemas como: “Nosotros somos tu salvación”, “La fe en nosotros es la fe en tu prosperidad”, inundan las fachadas de los edificios allá donde vayas. Rotando las imágenes en los momentos oportunos, convierten las calles y plazas de las ciudades en un coordinado ejercicio de propaganda que busca dominar la voluntad de aquellos individuos empeñados aún en la eterna aspiración de querer modificar el destino marcado en las estrellas.

lunes, 1 de abril de 2019

CHOI SEUNG-HO; “YO QUE SOY NADA, LO SOY TODO”.

Por muy hermosa que sea una jaula no deja de ser una prisión; por muy hermosas que sean las cúpulas de los mausoleos de cristal transparente y las urnas cinerarias, no dejan de ser tumbas donde se pudren los huesos y se olvidan las cenizas de los muertos. El arroyo por donde cruzaban los pies descalzos convertidos en apasionados espectadores de los peces que nadaban corriente arriba; el arroyo formado por las gotas de rocío durante más de un millón de años permanece contaminado de basuras y aguas negras, convertido en un vertedero del vivir efímero del bestiario consumista. En las desoladas periferias de las ciudades miserables arrozales, sembrados abandonados, páramos y moteles, mendigos lisiados y gatos callejeros atormentan el corazón. Desaparecido el noble destino, la desvergüenza brilla por todas partes. 

El brillo de las luces publicitarias hace perder el sentido de la noche. Llueve a cántaros, una muchacha resuelta y vigorosa escapa del agua como una vagabunda, sus cabellos se vuelven blancos, se transforma en una afable viejecita eterna o en una estatua en forma de abuela. En los muelles de hormigón, entre buques pesqueros, anclas oxidadas y lámparas marineras se producen absurdas visiones, abandonados fantasmas levitantes que pertenecen la categoría más grotesca del destino. Alejados del mensaje de las piedras seres de mentes nerviosas, la ansiedad les impide acercarse a la playa y disfrutar del mar, viven sin sentir las corrientes que fluyen más allá de sus sentidos.

Dentro de cada uno hay un arcoíris de deseos y sentimientos, unas veces del todo radiante, otras afligido por la melancolía. Algún otoño de algún año nuestra sombra se alejará de nosotros, adoptará la forma de la sombra de una nube, se hará hermana de la sombra del agua que sigue corriendo fresca en la naturaleza, y como un anciano monje solitario recorrerá el camino sin retorno que lleva al pequeño templo budista donde oscilan las llamas de las candelas, se recitan mantras y se aniquilan los deseos. 

Palabras que brotan como copos de nieve.