lunes, 29 de febrero de 2016

AKIKO YOSANO (1878-1942)

 Mujer japonesa. Madre de familia numerosa (concibió 13 hijos, sobrevivieron 11). Delicadeza y fuerza. Tesón a prueba de muertes cercanas, depresiones del marido y triángulos amorosos. Capacidad de trabajo inagotable, prolífica escritora, en una sesión podía componer hasta 50 poemas, durante el curso de su vida escribió miles de ellos (entre 20.000 y 50.000 se suele cifrar el número). Reformadora social, se alza contra lo caduco de una sociedad prisionera de las vanas formalidades del conformismo opresivo. Pacifista, nadando a contracorriente en un Japón cada vez más militarizado que había cambiado el enfoque de la actitud nacional hacia el expansionismo. Pionera feminista, icono del movimiento de liberación de la mujer japonesa, ardorosa luchadora frente a unas costumbres machistas, tradicionales y retrógradas que relegan a la mujer al ejercicio de roles domésticos y sociales (sumisa esposa, madre abnegada y, como mucho, objeto del deseo). Firme defensora de la educación y la igualdad de derechos de las mujeres: la misma educación, la misma independencia, la misma responsabilidad de asumir sus propias vidas; sujetos activos alegres y libres de expresar sus sentimientos amorosos y sexuales. Controvertida innovadora del tanka, popular poema japonés de 31 sonidos que adaptado al español serían cinco versos distribuidos en 5/7/5/7/7 sílabas por línea. Llamada por sus contemporáneos,  “Poetisa de la pasión”. 

Calle Kainochó nº46, ciudad de Sakai (prefectura de Osaka), 7 de diciembre de 1878, en pleno renacer de la era Meiji, bajo el signo occidental de Sagitario nace Sho Ho (llamada Akiko Yosano). Tercera niña de una familia de prósperos comerciantes dedicados al negocio de la confitería-pastelería. Su padre Soushichi Ho (persona muy respetada socialmente) tenía dos hijas mayores fruto de un primer matrimonio, casado en segundas nupcias con Tsune Sakagami con la que tuvo cinco hijos, entre ellos Akiko. Soushichi, un burgués que amaba el arte y la literatura, hombre de su tiempo, formado en el rígido molde de la jerarquía masculina, cuando murió su joven hijo primogénito se sumió en una obcecada decepción. En Japón los hijos varones eran muy importantes porque heredaban el nombre del tronco familiar, y sobre todo para una familia que regenta un negocio; se privilegiaba a los hijos sobre las hijas, el nacimiento de una niña no era bien recibido. Durante tres años Akiko se crió en la casa de una tía materna, tuvo una infancia solitaria marcada por el sentimiento de rechazo del hogar paterno. Cumplidos los seis años, en 1884 entra en la escuela primaria donde permanecerá hasta 1888. De los 10 a los 16 años (1888 hasta 1894), continúa su instrucción en la Escuela de Niñas de Sakai; estudia matemáticas, caligrafía, gramática, geografía, historia, ética y costura (que supone el 70% del currículo), y realiza un curso complementario de economía doméstica. En esa etapa aviva su interés por la literatura clásica japonesa gracias a su profesor de lengua Osa Sugao. Sin embargo como lectora insaciable y ecléctica, su formación es mayormente autodidacta.

Sometida al estrecho marcaje de unos padres severos que velan por la virginidad de la muchacha y el honor del apellido, discriminada de sus hermanos varones, observando la tradición imperante de acatamiento obligado a la pirámide disciplinaria, de los 11 a los 22 años ayuda, no por voluntad propia, en la atención y gestión económica de la empresa familiar: “crecí envolviendo dulces en hojas de bambú”; trabajo que la resulta extremadamente aburrido, y frustrante para el desarrollo de su vida intelectual. Víctima de una sociedad patriarcal, de un moralismo hipócrita y de la repartición injusta de roles, con la sensibilidad herida, piensa con frecuencia en el suicidio a la vez que asiste al despertar de una conciencia libre. Entre lecturas busca y encuentra. Quien tiene una biblioteca tiene un tesoro y su padre lo tenía. Posiblemente el buen hombre se dio cuenta de las inquietudes e intereses de su hija y a los 12 años la autoriza a vagabundear por los estantes de su extensa biblioteca personal; raro privilegio al que otras chicas jóvenes nunca accedían. Lee cuando puede, venciendo el cansancio lee hasta la media noche a la luz de una pequeña lámpara, lectura furtiva; clásicos y contemporáneos nacionales (la nueva literatura de la era Meiji), autores occidentales (le interesa el romanticismo europeo), obras mayores, obras menores, poesía japonesa, prefiere la poesía china, y en particular siente innata predilección por  “La novela de Genji” (Genji Monogatari) de Murasaki Shikibu, que a lo largo de su vida relee una decena de veces e incluso verterá al japonés moderno. Con 16 años lee una antología de antiguos poemas japoneses del siglo VIII que ejerce un gran impacto en ella, se enamora de la creación literaria; tras entender que, en un principio, la novela no es lo suyo, comienza a escribir poesía tanka. Akiko se sabe escritora desde la adolescencia. A los 18 años asiste a las reuniones de la sociedad literaria de Sakai, un grupo de amigos que editan un boletín de poesía, en él publica sus primeros tankas a imitación de los clásicos japoneses. Hojeando una revista literaria de Tokio, descubre 15 tankas del poeta Tekkan Yosano; se ilumina el camino que muestra la riqueza de la poesía, un lugar donde expresar las pasiones cohibidas que abruman a una chica en la flamante juventud. En 1898, bajo el seudónimo de Ho Shoshu, publica en la revista de la Sociedad Literaria Juvenil de Kansai, un largo poema en verso libre titulado “Luna de primavera”, preludio de la conexión definitiva con Tekkan “El Tigre”, apodado así por el tono de exacerbada masculinidad y ardor patriótico de sus primeros poemas.

Tekkan Yosano (1873-1935), seudónimo de Hiroshi Yosano, nacido en Kioto, cuarto hijo del monje budista Reigon Yosano.  A los 10 años entra en el templo de Anyoji donde recibe sus primeras enseñanzas. Se gradúa en la Universidad de Keio y ejerce de profesor de lengua japonesa en la Escuela Femenina de Tokuyama. A la edad de 20 años se traslada a Tokio, donde colabora en diferentes periódicos. El 11 de mayo de 1894 publica un vehemente artículo defendiendo la reforma de la poesía tradicional japonesa, necesitada de mayor originalidad y falta de popularidad, propone desmontar el estilo arcaico, revitalizar las formas de la vieja escuela y despertar a la modernidad. En 1899 crea la Sociedad de la Nueva Poesía, “Shinshisha”, y funda la revista “Myojo” órgano de expresión del propio círculo; la edición adquiere inmediata popularidad entre los jóvenes poetas dispuestos a beber los vientos regeneradores, a este grupo pertenece una joven llamada Sho Ho que en mayo del año siguiente publica seis poemas en el número 2 de la bien hallada revista, inicio de una colaboración que se extenderá hasta el cierre de la publicación en el año 1908.

En el verano de 1900 Tekkan emprende una gira por Osaka y Sakai impartiendo conferencias y talleres, como consecuencia de esta actividad el 4 de agosto en una reunión de escritores Tekkan y Akiko se conocen personalmente. A ese mismo encuentro literario asiste también la joven poetisa Tomiko Yamakawa quien estaba enamorada del maestro y albergaba la esperanza de casarse con él. Compartir el amor por el mismo hombre y sus aspiraciones poéticas, crean un vínculo entre los tres intensamente erótico sin ser sexual. El respeto y admiración que Akiko sentía por el hasta entonces su guía y mentor se fue transformando en pasión amorosa, que no dudó en manifestar abiertamente aunque Tekkan estaba casado y con hijos: “Por obra del destino inesperado conocí a cierto hombre y mis sentimientos se sometieron a un cambio violento en grado extraño. Por primera vez experimenté la emoción de un verdadero amor que quemaba mi cuerpo”. La relación entre ambos acaba consolidándose después de la despedida dramática de Tomiko, obligada por su padre a casarse con un hombre a quien no quiere, su adiós lo expresa en unos emotivos versos: “Dejo discretamente, a mi amiga, las flores rojas, llorando triste, escojo olvidar el jardín”; la joven poeta fallecería de tuberculosis, a los 29 años, en abril de 1909.
 
1901 supone un año crucial en la vida de la pareja. En enero, Akiko y Tekkan pasan su primera noche de amor en un albergue al noroeste de Kioto. En marzo, se publican documentos injuriosos acusando a Tekkan de cometer varios delitos contra empresas y gentes del mundillo literario, este suceso malintencionado provoca la desconfianza del sector editorial hacia su persona. En junio, ambos toman la decisión de abandonar a sus familias y comienzan una nueva vida juntos en un suburbio de Tokio. En agosto, se produce el hecho inicial que enmarcará la vida de Akiko como escritora, publica “Midaregami” (“Pelo revuelto” o también “Cabello en dulce desorden”), su primer poemario compuesto por una colección de 399 tankas (número impar que alude a la estética de lo incompleto), controvertido entre la crítica (repudiado por el sector conservador, elogiado por los más aperturistas), clamoroso éxito de ventas; el título hace referencia al cabello, atributo que mejor definía la identidad básica de la mujer japonesa, su desorden sugiere la belleza natural de la intimidad erótica; sus versos, glorificación del cuerpo femenino, expresan abiertamente sin falsos pudores la pasión sensual del amor al amante (385 tankas cantan sus sentimientos hacia Tekkan); considerada hoy obra fundamental en el desarrollo de la poesía japonesa. En septiembre, Tekkan se divorcia de Takino Hayashi con la que, a pesar de la separación, siempre se mantuvo conectado. En octubre, por fin, Akiko y Tekkan contraen matrimonio; y como corresponde por casamiento, en enero del año siguiente (1902) Akiko cambia el apellido paterno Ho por el Yosano de su marido, en noviembre de ese mismo año, nace Hikaru el primero de una prole de más de una decena de hijos.

En septiembre de 1904 Akiko publica en la revista “Myojo” el shintaishi (poesía de métrica moderna), “kimi shinitamou koto nakare” (“hermano, no te mueras”) dedicado a su hermano menor, segundo teniente de infantería en el frente de la Guerra Ruso-japonesa. Intrépida denuncia antibélica, coloca los sentimientos personales por encima del deber patriótico, en un momento histórico de fuerte nacionalismo militarista; el poema se hizo enormemente popular, más tarde convertido por el movimiento pacifista en canción protesta contra la guerra.

Entre embarazo y embarazo, el viento sopla a favor de su reputación literaria mientras la carrera de su marido va declinando. Pronto Tekkan comprende que el talento de su esposa es superior al suyo y decide apoyarla, lo que no le evade de caer en un estado depresivo: una mañana se le encuentra en el patio sentado en cuclillas matando hormigas. Con la excusa de relanzar su carrera y con el fin de que mejore el ánimo, Akiko reúne dinero, y en noviembre de 1911 financia el viaje de Tekkan a Europa. Meses después ella toma el ferrocarril transiberiano, el 19 de mayo de 1912 se apea en París al encuentro de su marido. Juntos recorren varias ciudades del viejo continente: Londres, Bruselas, Munich, Amberes, Amsterdam, Viena, Berlín, la mencionada París, etc. donde conocen a célebres personalidades, de entre todos ellos entablan amistad con el escultor Auguste Rodin, con cuyo nombre bautizaron al cuarto vástago de la familia Yosano. En octubre, desde el puerto de Marsella, vía marítima, Akiko regresa a Japón; Tekkan aplaza su vuelta a enero del año siguiente. Aquel viaje supone un gran enriquecimiento cultural e intelectual para ambos, el contacto con otras sociedades reafirma las convicciones humanistas y la actitud crítica de Akiko.

Además de atender las necesidades familiares (sobre su pluma recae la responsabilidad de sacar la casa adelante), Akiko emprende la vasta producción de sus obras: poemas, prosas, cartas, crónicas de viajes, cuentos infantiles, artículos, ensayos (sobre una amplia gama de temas: educación, política, cultura, sociedad, experiencias personales, feminismo…), prepara antologías y vierte al japonés moderno su admirado referente “Genji Monogatari” (“La novela de Genji”). Hiperactividad sorprendente.

En abril de 1919, para alivio de la inestable economía doméstica, Tekkan es contratado como profesor en la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Keiou. Dos años más tarde, en 1921, Akiko (firme defensora de la educación de la mujer), junto a Isaku Nishimura, Hakutei Ishikawa, Natsu Kawasaki y otras personas comprometidas, fundan, en sus inicios para niñas luego mixta, la escuela privada Bunka Gakuin, que  abre nuevos horizontes en el campo pedagógico. De dicho instituto ella será jefa de estudios e impartirá clases de japonés clásico, y Tekkan ocupará el cargo de rector desde 1925 hasta su retiro en 1930, siendo relevado por su esposa.

En septiembre de 1923, el gran terremoto que asoló Kanto provoca un incendio en las dependencias donde guardaba el manuscrito de la traducción de “La novela de Genji” reduciendo miles de páginas a cenizas. Tiene que rehacer de nuevo el trabajo al que ha dedicado casi toda su vida, lo termina en el año 1939 cerca del final de sus días.

Inesperadamente, a causa de las complicaciones de una pulmonía, Tekkan fallece el 26 de marzo de 1935. Pierde a alguien más que un compañero, desaparece el hombre que ha marcado el desarrollo de toda su existencia, dejando una huella profunda en ella.

Los últimos años de su vida se caracterizan por algunos viajes, la dedicación a la familia, a la literatura y por los problemas de salud. Superado un ataque de angina de pecho, en 1938 es hospitalizada en dos ocasiones, la primera por problemas intestinales y la segunda por pulmonía. En mayo de 1940 sufre un derrame cerebral quedándola el lado derecho del cuerpo paralizado. Sobreponiéndose a las circunstancias continúa componiendo tankas, con una escritura irregular y desordenada, apuntados a lápiz en un cuaderno. Dos años más tarde, la enfermedad se agrava y se suman las complicaciones. El 29 de mayo de 1942, la “poetisa de la pasión” pierde el conocimiento y se desploma: muere a la edad de 63 años de un fallo cardíaco. La ceremonia fúnebre se celebra en el cementerio de Tama en Fuchu, barrio a las afueras de Tokio. La noticia de su fallecimiento, en plena Guerra del Pacífico, pasa desapercibida para la prensa.  

“aquí y ahora,
cuando me paro a recordar
mi pasión, me parece
que yo era como un ciego
que no teme a la oscuridad.”
                                          (Akiko Yosano)