martes, 27 de diciembre de 2011

martes, 20 de diciembre de 2011

domingo, 11 de diciembre de 2011

ROBERT SERVICE; “LENIN. UNA BIOGRAFÍA”.

Para dejar en evidencia a las mentes que piensan que la voluntad de un solo hombre no puede trazar el curso de la historia, vino al mundo a orillas del Volga en la ciudad de Simbirsk (luego rebautizada Uliánovsk en honor al apellido de su ilustre vecino), Vladimir Ilich Uliánov (1870-1924) más conocido por el archifamoso seudónimo de Lenin, nombre sin significado aparente derivado del río siberiano Lena región donde vivió, mejor que mal, desterrado durante tres años. Su padre Ilia Nikolaevich Uliánov, alto funcionario civil, inspector provincial de escuelas públicas; su madre María Alexandrovna Blank comparte con su marido el interés y la pasión pedagógica. Familia de clase media con servicio de cocinera y niñera, rusos cultivados, típicos europeos burgueses y un poco snobs de finales del siglo XIX, miembros cultos y privilegiados de una nación imperial, que albergan deseos de construir una sociedad moderna, occidental e ilustrada en una Rusia que culturalmente apenas ha sido tocada por el renacimiento y la ilustración, la calidad de la educación es deplorable, el cohecho y la prevaricación imponen las normas jurídicas, el despotismo, la explotación y la pobreza se muestran aterradoras. Para los Uliánov el trabajo es un deber y el deber un placer, sobre este axioma inculcan a sus hijos el valor del compromiso en pro de una gran causa; para Lenin esa gran causa será la revolución.
 
Alumno excelente, V.I. Lenin termina el bachillerato con las máximas calificaciones; aplicado, discreto, solitario, poco sociable rozando lo huraño, de salud quebradiza (padece dolencias crónicas estomacales, terribles jaquecas, insomnio, erisipela y taquicardias leves y graves; malestares que se agudizan en estado de tensión), obseso del orden y la limpieza (todos los días antes de ponerse a escribir coge una bayeta y limpia concienzudamente el polvo del escritorio), se entrega con placer a los libros, no soporta perder el tiempo hasta el extremo de mostrarse áspero si cree que le están interrumpiendo indebidamente en sus estudios; estudios de derecho que concluye entre expulsiones y readmisiones de la universidad; lecturas apasionadas de Karl Marx (la primera traducción de “El Capital” a una lengua extranjera la hizo en 1872 Nikolái Danielson, un populista ruso), Friedrich Engels y los cuentos de Gleb Uspienski que contribuyen a su desarrollo intelectual; proclamación de fe en la palabra escrita, en la palabra impresa. Toma de Marx una filosofía de la historia que manifiesta: “las ideas convencionales de la sociedad las estructuran siempre las clases dominantes de acuerdo con sus intereses”. Amplía sus conocimientos de los textos marxistas clásicos y elabora su pensamiento: a un lado está el pueblo “la mayoría explotada” y al otro la minoría parasitaria “los explotadores”, industriales, banqueros, terratenientes, la burguesía mercantil y financiera culpables de todos los males; el capitalismo perjudica a la generalidad de la gente y reprime sin piedad a otros muchos. Entre las víctimas del zarismo-capitalismo se encuentra su hermano mayor, condenado a muerte por planear el crimen más execrable contemplado en el código penal ruso: matar al emperador; la prueba de que es una simple declaración de objetivos, papel mojado de una conspiración de cafetín, no indulta al reo de cumplir la sentencia. La inmisericorde ejecución de Alexandr graba en el corazón de V.I. Lenin un resentimiento eterno contra la dinastía de los Románov; odia a la familia Románov, a la aristocracia, al clero, a la policía y al alto mando militar zaristas; la estructura económica del régimen le parece ofensiva, la jerarquía social le repugna; detesta a la vieja Rusia, quiere (influencias familiares mediante) una Rusia europea, una Rusia occidentalizada, una Rusia moderna, una nueva Rusia. Se acabaron las buenas intenciones ineficaces, hablando no se cambia el mundo, hay que actuar. Se consagra en cuerpo y alma a la política, a la lucha política, supedita todos sus placeres a la causa: el ajedrez, el patinaje, el ciclismo, la música clásica (admira a Beethoven y Wagner), la caza, el confort material; abandona la profesión; renuncia al amor romántico, su matrimonio con Nadezhda Konstantínovna es casi un acuerdo político e igual aunque con otros matices la relación intermitente con su amante Inessa Armand (más joven, más guapa, pero peor secretaria), ambas mujeres compañeras de partido: el sentimentalismo no tiene cabida. Extrema su marxismo, llaga al convencimiento de que su propia visión del mismo (marxismo-leninismo) es la auténtica, se considera el único y verdadero exponente de la tradición marxista. Encendido polemista y apasionado en el debate, cuando siente que tiene razón defiende sus principios filosóficos con uñas y dientes sin retroceder ante la crítica. Es consciente que vive en una época convulsa, Europa necesita una transformación revolucionaria y está convencido de la importancia de las ideas para alcanzarla. La revolución primero en Rusia y luego en Europa, ése es su destino mesiánico, se siente predestinado a adoctrinar y dirigir el movimiento revolucionario antizarista; su suprema ambición: levantar y consolidar la revolución para conseguir un mundo sin opresión y sin explotación. Personalidad dominante, con gran fe y dominio de sí mismo, poseedor de una notable destreza verbal, inteligente, políglota (habla, escribe y lee con fluidez el alemán, el francés y el inglés), expone su pensamiento de forma sencilla e incisiva, aporta claridad ideológica, resolución práctica e intuición estratégica: atributos del líder.
  
Fundador y mentor de los suyos, “los duros”, “los mayoritarios”, los bolcheviques; V.I. Lenin dirige al partido y el partido dirige a las masas compuestas por heterogéneos grupos sociales unidos por su hostilidad al zarismo y a muchos aspectos del capitalismo, sobresalen los intelectuales y los obreros, principalmente estos últimos; la clase obrera será el pilar insurgente sobre el que se apoye la lucha de clases. Para el leninismo la lucha de clases está por encima del altruismo, la bondad, la tolerancia o la paciencia; los objetivos del partido son considerados la tarea soberana, se menosprecia la sensibilidad social y los valores universales como democracia, pluralidad, derechos individuales, equidad o justicia. El criterio es: si un acto concreto ayuda a la revolución, la moralidad del mismo debe dejarse de lado. El derroche de vidas, la muerte de personas inocentes, el nivel de sufrimiento humano producto de la Gran Guerra, La Revolución y la Guerra Civil rusa son juzgados como aspectos desagradables del proceso histórico. A V.I. Lenin el dolor le es indiferente con tal de alcanzar el objetivo marcado. Persigue el poder, disfruta con el poder, ansía el poder para él y su partido hasta el extremo de caer en la hipocresía, la falsedad, el engaño, la vaguedad, todo vale por el bien de la revolución. Tutela, ordena, aprueba, rige el partido sobre la base de la disciplina, el centralismo y la unidad ideológica. Obtiene el laurel del triunfo y escribe la proclama: “La causa por la que el pueblo ha luchado. La propuesta inmediata de una paz democrática, la abolición de la propiedad de las tierras de la aristocracia, el control de la producción de los trabajadores, la creación de un gobierno soviético. Se ha asegurado la victoria para esa causa… ¡Viva la revolución de los obreros, los soldados y los campesinos!”. Nace la URSS, el estado donde “los trabajadores serán la clase dirigente y tomarán las decisiones políticas y sociales”; nace una dictadura de partido único que utiliza la violencia y la fuerza contra las huelgas, las reivindicaciones y las protestas públicas de los obreros. El poder legislativo, el poder ejecutivo y el poder judicial están subordinados al partido. El partido es el órgano máximo del estado soviético y V.I. Lenin el presidente del consejo de comisarios del pueblo, léase jefe del gobierno. Este hombre menudo, al que le irrita su calvicie prematura, hipocondríaco, ratón de biblioteca, lector fanático, inteligente, pulcro, distante en el trato con sus compañeros, aparentemente frío y calculador, franco, directo, que canta canciones revolucionarias con voz de barítono, que le gustan Londres, Múnich, Ginebra y Petrogrado y despotrica de París y Moscú, que ha pasado a la historia del traje por dar nombre a la “gorra Lenin”, está instalado en la cúspide de su obra redactando decretos, afanándose por consolidar el primer estado comunista del mundo, hasta que en Agosto de 1918 sufre un atentado que mina su ya de por sí socavada salud. Los últimos años son de sufrimiento, de retiros terapéuticos, de operaciones, de diagnósticos médicos, de dolores, de apoplejías, de parálisis, de arteriosclerosis cerebral, de agonía física y moral (la vida no merece la pena sin libros) hasta exhalar el último suspiro. El 27 de Enero de 1924, dicen los termómetros que fue el día más frío de aquel año, se celebra el funeral, reunido en sesión solemne el Congreso de los Soviets se pronuncian discursos que proclaman la adhesión a las ideas y al ejemplo del dirigente fallecido, suenan las sirenas de las fábricas, paran los trenes en las vías, se amarran los barcos, acuden a Moscú gentes de todos los territorios de la URSS, la multitud presente en la Plaza Roja canta La Internacional al ver pasar el ataúd, lo transportan a hombros: Zinóviev, Kámenev, Stalin, Bujarin, Molotov, Tomski, Rudzutak y Dzerzhinski (Trotski no puede asistir por encontrarse de viaje), viejos camaradas de lucha, a ninguno de ellos consideraba el difunto su digno sucesor y de todos ellos al que menos a Stalin quien ya ha tomado posición y cobrado ventaja. Ha muerto el V.I. Lenin histórico, nace el santo revolucionario desinteresado que combatió a los enemigos de la humanidad, el mito omnisapiente, el evangelista cuyos escritos adquieren la condición de sagrada escritura, el cuerpo incorrupto (embalsamado a propuesta de Stalin con la aprobación del Politburó) mostrado en exposición permanente.
 
“Los cambios históricos tal vez se incuben en los laboratorios de las vanguardias, pero sólo serán justos cuando sean asumidos por el consenso de masas en libertad”. 
 (Manuel Vázquez Montalbán en el prólogo de esta edición).

lunes, 5 de diciembre de 2011

MICROPOEMA (36)

Deseo
arrancar de la oscuridad
del silencio absoluto
de la atroz quietud
sobrenatural
la lápida húmeda de rocío.

martes, 29 de noviembre de 2011

APOTEGMA (39)

Nos inventamos un futuro satisfactorio para poder aguantar un presente decepcionante.

domingo, 20 de noviembre de 2011

CHONG CHI-YONG; “NOSTALGIA”.

Descendiente de un comerciante en potingues de medicina tradicional china; bautizado en la fe católica símbolo y señal que determinó el modo de conducirse por la vida; casado a los doce años como por aquel entonces mandaban los cánones de las costumbres tradicionales; la voluntad benefactora le permitió asistir a la escuela secundaria, para sin solución de continuidad realizar estudios universitarios en Japón obteniendo el grado en literatura inglesa con una tesis sobre William Blake quien junto a Walt Whitman personifican sus influjos occidentales; de vuelta a la patria, ejerce de profesor en diversas universidades (entre ellas la Universidad Nacional de Seúl) y de traductor; Chong Chi-Yong es considerado uno de los padres fundadores de la moderna poesía coreana, incluido en noveno lugar en la lista de “los cien mejores escritores coreanos”; en el año 1950 (guerra de Corea mediante) es para unos detenido o para otros secuestrado por tropas de Corea del Norte y llevado a Pyongyang donde parece que murió en prisión víctima del daño colateral de una explosión.

La muerte abre las puertas de la inmortalidad con la llave que forjó la vida. Sintiendo el frío de la mesa de mármol, sollozando bajo la mirada atenta de las lámparas ojos de serpientes, reptiles extraños, dragones que escupen como humo y fuego los deseos de la naturaleza y los sentimientos humanos demasiado humanos, y mastican los huesos blancos de las preocupaciones. Se puede escapar de todo menos de la tristeza por la ausencia de los seres queridos. La nostalgia de los arroyuelos de aguas transparentes que corren desde las cimas (lugares donde habitan las aves pasajeras y pone un pie el arco iris), de las arenas rojas que pisa el buey albo, del rocío en los campos de cultivo, de la luz del cielo azul sobre las cercas de bambú, de los pollitos de algodón que picotean los granos del suelo rocoso del patio y de los hilos de plata que flotan en el viejo estanque. Recuerdo de una mañana de primavera, mañana feliz, aletean las mariposas, las dalias florecen y las golondrinas vuelan espantadas por las campanadas del reloj; la mirada se pierde embelesada oteando el cielo sin importar los colores de la tierra. Añoranza, el deseo de regresar a casa cantando las canciones que se aprendieron en la niñez, escuchar los cuentos antiguos para alentar el retorno y aliviar el cansancio de la vida; volver a oír el ronroneo del agua entre las piedras, el silbido del viento entre los pinos; volver a la tierra soñada del paisaje dormido, de los aromas aletargados que despejan las sombras del amor apasionado. Cuadro de tardes melancólicas: al otro lado de la ventana se encienden las luces del puerto, las figuras se diluyen en la niebla y la angustia persiste. Fuera del brillo del cristal los lamentos de un faro solitario, las gaviotas vuelan por encima de las olas que arrastran una y otra vez su espuma sobre la faz de las islas lejanas; la presencia constante del mar con las velas extendidas para recoger toda la fuerza de las metáforas nada irreales, nada fantasmagóricas, cercanas imágenes de contornos precisos con los pies sobre la tierra de inocente asombro.

Fresco, conciso, sutil, suscita sentimientos de complicidad y alegría suave. Tristeza fina, delicada que acompaña siempre al corazón y nos hace soñar con días despejados en los que los rayos del sol alimentan a los girasoles, calientan la espalda de los caminantes y el dolor parece trivial. En el horizonte queda la necesidad involuntaria de volver a sentir el frío del invierno y refugiarse junto al fuego del brasero a esperar la llegada de las verdades ausentes.

lunes, 14 de noviembre de 2011

lunes, 7 de noviembre de 2011

APOTEGMA (38)

Con todo detalle le contó su vida hasta el último secreto; desnudó su alma y sintió que hacía frío, mucho frío en el corazón de quien escuchaba.

domingo, 23 de octubre de 2011

LEIF GW. PERSSON; “EL DECLIVE DEL ESTADO DEL BIENESTAR”.

Antes de tomar la salida evitemos confusiones, el título puede inducirnos al error de pensar que estamos ante la publicación de un juicioso ensayo sobre las consecuencias sociales de la crisis económica en los estados democráticos de la vieja Europa; nada de nada, el genérico enunciado engloba a una trilogía de novelas de intriga suecas…¡¿Más literatura policíaca nórdica?!...¡¿Otro Stieg Larsson?!...¡¿Qué hay de malo en ello si se ejerce bien el oficio y la obra lo merece?! Además, sobra recordar, aunque son autores que comparten paisaje y paisanaje escandinavo con algunos puntos temáticos en común, cada cual calza zapatos según estilo y gusto; en la presente ocasión Persson se sitúa más cerca de la línea de los Le Carré que de los Larsson, Fossum, Marklund, o la pareja clásica Sjöwall y Wahlöö.
 
Mil novecientas tres páginas divididas en número desigual en tres volúmenes nombrados con los siguientes encabezamientos: Vol.1: “Entre la promesa del verano y el frío del invierno”. Vol.2: “Otro tiempo, otra vida”. Vol.3: “En caída libre, como en un sueño”. Ambientados en los últimos 25 años de la historia sueca del siglo XX (aproximadamente el periodo comprendido entre el año 1975 y el año 2000), y por vecindad geográfica con la historia de la Europa del Este; dos décadas y media en las que se cae el muro de Berlín, se deshace el Telón de Acero, se derrumba el Imperio Soviético, aparecen y desaparecen países, se quitan y se ponen fronteras. Un guirigay geopolítico propicio para sacar tajada; burócratas de los servicios secretos del antiguo bloque comunista se llevan por la patilla archivos confidenciales con información suspicaz e importante: colaboracionistas, simpatizantes, espías, etc; la extorsión abre su mercado (de algo hay que vivir), el KGB y la Stasi venden, la CIA compra. Suenan nombres y apellidos, altos cargos del estado sueco relacionados en su juventud con delitos de terrorismo y la sospecha sobre un Primer Ministro que… A las 23,21 de la noche de un viernes 28 de febrero de 1986 en una calle céntrica de Estocolmo es asesinado de un tiro por la espalda Olof Palme, político socialdemócrata, en ese instante Primer Ministro de Suecia. Personaje controvertido, amado u odiado sin término medio, cuyo homicidio da origen al llamado “Caso Palme”, quizás el hecho histórico más relevante acaecido en la etapa moderna del estado sueco desde la postguerra hasta la actualidad. Se buscan los motivos políticos o ideológicos, se analizan mil pistas (la pista de los kurdos, la surafricana, la iranoiraquí, la yugoslava) la de acá y acullá; recaen las sospechas sobre cabezas patrias (el ejército, la policía, los servicios secretos, la ultraderecha nacionalista); surgen, la mayoría de ellas sin fundamento parcial o total, las teorías de la conspiración que ponen su punto de mira en las esferas más respetables y sólidas de la sociedad sueca. Se abre un caso trillado, investigado una y otra vez mirando todos los ángulos imaginables, analizado al detalle; el mayor fiasco en los anales de la policía sueca. Un caso abierto, irresoluto al que referirse como mala praxis en la investigación es simplificar la incompetencia, la torpeza, la falta de medios y preparación policial, el desinterés, la corrupción y la estulticia política.
Los pecados del pasado reclaman penitencia en el presente, las traiciones venganza y las heridas abiertas supuran bajo las vendas que las ocultan. Las personas no son hologramas, dejan sus huellas, sus amores y desamores, sus aciertos y fracasos, sus vicios y virtudes; sucumben a la seducción del poder y el dinero o cumplen honradamente con su trabajo imponiéndose a la apatía de lo cotidiano, a la desconfianza de sus superiores y el descontento de sus compañeros.

Realismo social salpimentado con notas de humor corrosivo e ironía satírica sin excesos. Policíaco absorbente sostenido sobre una trama política que saca los colores a una sociedad que parecía modelo de progreso y eficacia, y a una administración ejemplo de diseño moderno, limpio y aseado necesitada de depurar sus cloacas.