lunes, 8 de agosto de 2016

JAMES HADLEY CHASE; “NO HAY ORQUÍDEAS PARA MISS BLANDISH”.



El Medio Oeste era de la Depresión. Estaciones de servicio solitarias, timbas y prostíbulos clandestinos. A pesar de la derogación de la ley, aún se podía hacer mucho dinero con la venta de licores. Las autoridades habían establecido un impuesto a las bebidas alcohólicas y los gánsteres habían encontrado el modo de convertir ese impuesto en billetes de los grandes. Los principales ingresos del negocio de los bajos fondos provenían del juego ilegal, la trata de blancas y el alcohol. Las persecuciones de la policía, los ajustes de cuentas y las luchas de poder entre delincuentes, los tiroteos sangrientos, los asesinatos, los conflictos a ambos lados de la ley, donde gana el más fuerte, el más astuto, el más implacable. Las personas son derrotadas sin remilgos morales. Un universo violento regido por sus propias reglas.

Buscan otras oportunidades. La banda solía operar modestamente como atracadores de bancos en pequeñas ciudades, pero el ejercicio de la profesión se estaba poniendo difícil, la policía se mostraba ahora muy vigilante. Robar unas joyas a punta de pistola y de paso, si se tercia, llevarse también a quién las luce, puede resultar más fácil o de menor riesgo. El botín, son las joyas y la hermosa hija de un rico industrial, las habían visto en un periódico de la buena sociedad. La codicia y la lujuria son dos grandes impulsores. ¿Cuánto valen las perlas, veinte mil dólares o tal vez más? ¿Cuánto vale la joven, dos millones de dólares o, para su papaíto, tal vez más? ¡Salgan del coche, esto es un atraco!

Había conocido muchas bellezas, pero aquella mujer era algo excepcional. El tipo era un pájaro de cuidado, un asesino nato, de niño había matado, mataba sin motivo alguno, matar lo llevaba en la sangre, era un psicópata y la chica un bocado exquisito. Le seguiremos el juego hasta el final; si quiere tenerla que la tenga, en cuanto se canse de ella la liquidamos, ha visto demasiado, es puro veneno, no se puede correr riesgos, habrá que deshacerse del estorbo. Ella es la prueba viviente que tarde o temprano podían aniquilarles a todos. Una vez que se empieza a huir, las cosas siempre se ponen feas, era cuestión de tiempo verse atrapados y si te agarran estás frito, te acusan de asesinato y no hay abogado que te pueda salvar.

Un secuestro de altos vuelos por una banda de poca monta. La policía sólo espera que se pague el rescate y la chica se halle en su casa. Todo depende de su papá. Pero este trabajo está costando al estado muchísima pasta, es mejor contratar a un detective privado que se dedique en exclusiva a investigar el caso. La policía le proporcionará toda la ayuda que pueda para rescatar a la rehén y acabar con la pandilla de siniestros maleantes, sin contemplaciones, el fin justifica los medios. Nadie va a vivir feliz eternamente.