lunes, 18 de junio de 2018

STRACZYNSKI & DJURDJEVIC & COIPEL; “THOR. DÍAS DE TRUENO.


Kilómetros y kilómetros de llanuras o praderas, un paisaje azotado por rayos y tormentas, un territorio ideal, abierto, donde construir (no sin conflicto inicial) la Ciudad de los Dioses; el reino de Asgard en la Tierra cerca de una pequeña población de Oklahoma llamada Broxton. Primera misión recuperar a su pueblo. Normalizadas las relaciones, los asgardianos se integran en la vida cotidiana de los terrestres: asisten a las juntas vecinales, participan en los asuntos de la comunidad; unos van a la compra al supermercado, otros aprenden las reglas del nuevo mundo. Mortales y divinidades nórdicas conviven para asombro de los primeros y calma de los segundos. La Ciudad de los Dioses se convierte en una atracción turística, qué mayor interacción.

Trascurren monótonos los días y las noches de una nación nacida para ser libre y vagar en busca de aventuras. El germen de la inacción va inoculando el veneno de la disconformidad. De qué sirve el renacimiento si se vive encerrado en una jaula de oro, si no conoces el miedo, si no se puede usar la libertad para ir donde uno quiera; si no se puede blandir la espada contra el viento, la lluvia y los dioses; si no se puede guerrear, morir y renacer; si se ha perdido la fuerza de Odín. Hay que abandonar la Ciudad de los Dioses, salir de los muros, dotar de un propósito a la existencia, guiarse por el corazón; forjar sus propios sueños recorriendo los caminos de los vivos y de los muertos, de los mortales y de los inmortales; encontrar lugares donde nadie hace preguntas pero todos persiguen respuestas. Afrontar un destino se sea dios o se sea hombre.

Cada uno cumple su papel en este mundo y en el otro. Pertenecer al linaje de un rey conlleva la responsabilidad de comprender, y comprender es dolor. Comprender el por qué tiene que morir el abuelo para que reine el padre y tiene que morir el padre para que reine el hijo. El padre traiciona al abuelo y el hijo traiciona al padre, es una rueda que gira constantemente, un ciclo que se repite con la misión de dar un futuro de felicidad, prosperidad y esperanza al pueblo. En el paraíso mitológico se vive, se lucha, se sangra, se muere y se vuelve a vivir en una batalla eterna sin temor a poder fracasar.