El Mediterráneo nunca fue una línea divisoria sino una vía de comunicación y de intercambio de culturas costumbres y creencias. Grecia es el país mediterráneo por excelencia. Tras la derrota del invasor persa, en el siglo V a.c. una pequeña ciudad griega se convirtió en el núcleo del pensamiento humanista y científico, religioso y político: Atenas, cuna de la civilización, la ciudad estado, la polis trasfondo donde surgen las ideas de vanguardia que han impregnado el mundo occidental hasta nuestros días. ¿Por qué se establece la primera democracia de la historia en Atenas y no en otro sitio?, tiene que ver con la polis. La polis griega es mucho más que un pueblo o una ciudad estado o una nación, significa un estilo de vida activa comunitaria, social, cultural, moral; está construida a escala humana, a medida del hombre y al servicio del individuo; debe promover el conocimiento mutuo, formar la mente y el carácter de los ciudadanos y su participación en la comunidad. En la polis las personas se preocupan de sus asuntos privados y del estado, no hay gobierno en Atenas porque el pueblo es el gobierno.
Los griegos eran enérgicos, frescos y dispuestos, estaban más interesados en la vida que en el arte, no eran estetas, tenían otras aficiones además del amor a la belleza (aunque el sentido de la belleza penetrara en la vida), les interesaban cuestiones cotidianas: las actividades derivadas del ejercicio físico, desde los gimnasios donde se ejercitaban los jóvenes (escuelas de cultura frecuentadas por filósofos y artistas) hasta la lucha, el comer, el beber, etc.; y los sentimientos que acompañan a la amistad, la lealtad, la generosidad, el valor, pero también la ira, la astucia, la envidia; en fin, las pasiones más comunes y viejas desde que el mundo es mundo. Gentes de familia y calle; las principales ocupaciones y quehaceres de la vida griega tenían lugar al aire libre, los griegos estaban muy poco en el hogar, la casa la usaban principalmente para comer y dormir. El ágora era mucho más que sólo la plaza del mercado (un lugar donde comprar y vender), sino que allí se celebraban reuniones, asambleas y juicios. En la práctica de la tolerancia y el uso de la razón se desarrolló el concepto de libertad, libertad de pensamiento y libertad de expresión; el concepto de justicia entre el fuerte y el débil, el rico y el pobre; y el concepto de verdad como un fin a perseguir por sí mismo.
En aquella Atenas, polis abierta, en la que estaba todo por hacer, donde el éxito se consigue a base de logros personales en la guerra, en las competiciones atléticas o como consecuencia de las cualidades individuales propias de cada uno, hace su aparición estelar la figura de Pericles, quien asociará su nombre a la ciudad y por extensión al siglo. Pericles pasó su adolescencia y juventud a la sombra de hombres excepcionales como Damón el Ateniense, considerado el más sabio de los ciudadanos de su tiempo; y Anaxágoras de Clazomene que influyó en su pensamiento político e hizo de él un líder. De semblante sosegado, dignidad de movimientos y altivez intelectual, Pericles inicia su carrera política a los 31 años promoviendo un vasto programa de obras públicas (por ejemplo, coronar la Acrópolis con templos y estatuas), y reformas políticas (léase, la democracia). En el sistema democrático ateniense la autoridad descansaba en la Asamblea, abierta a todos los varones adultos con derecho a voto; en Atenas los cargos públicos no eran remunerados, se cerraba toda posibilidad de enriquecerse en el servicio público, la victoria política no traía fortuna sino fama y prestigio, en todo caso. El espíritu de cada ciudadano se fue elevando, el buen gusto se difundió, los ricos burgueses aspirando a ganarse el respeto comunitario construyeron espléndidos edificios oficiales y fomentaron el arte, la pujanza creativa. La grandeza de la Atenas de Pericles consistió en saber aprovechar los beneficios de la democracia, de ella surgió el prodigio de la arquitectura, escultura, música, teatro, literatura, filosofía, jurisprudencia, etc. La ciudad se convirtió en un foco de difusión intelectual, científico y artístico cuya luz llega hasta el presente.
La rivalidad con otras ciudades estado, la envidia política y comercial de las clases gobernantes de Esparta y Corinto, sumada a la codicia desatada por la rápida grandeza de los propios atenienses, entre otros motivos de índole histórico-coyuntural, causaron la lenta decadencia de Atenas hasta su caída total provocada por Justiniano al suprimir en el siglo VI d.c. las escuelas filosóficas. "De la gloria que fue Grecia ya sólo quedan las melancólicas ruinas esparcidas por el Mediterráneo como conchas de una resaca olvidada"; las gloriosas ruinas de una Atenas que fue la educación de Grecia.
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