domingo, 18 de marzo de 2012

FREDERIK PEETERS; “LUPUS” (INTEGRAL).

 Navega por el espacio una vieja nave contenedor con sus armarios llenos de anfetaminas, la habitan un joven científico licenciado en zoología, xenobiología y entomología y un, igual de joven, ex-soldado (si es que en algún momento llegó a ser militar) eximido del servicio, amigos desde la infancia, vecinos de escalera, compañeros de pupitre, colegas de las primeras borracheras, las primeras drogas, las primeras pelis porno, las primeras chicas y las primeras discusiones sobre el sentido de la vida; se soportan, se aguantan, los recuerdos les mantienen unidos, quizás eso es lo que significa la amistad, el hilo conductor de un pasado común cuando ya no queda nada. Son dos extraños cabizbajos sentados alrededor de un círculo de luz, con un objetivo trashumante, el vagabundeo interplanetario, rendir visita a lugares exóticos donde poder pescar monstruos, bichos enormes, alucinógenos: raíces de manzana de agua, peyok de los hielos y ácido tritónico (receta local), pescar bajo la lluvia ácida que quema la piel. Terminado el trabajo se siente el sujeto meditabundo, absorto buscando el punto de vista correcto sin dejarse engañar por los sueños, sin acolchar el pensamiento. Apoyados en la oscura barra del bar frente a dos vodkas, adosados hombro con hombro, contiguos a la chica solitaria que quiere marcharse de esta vida antes de hacerse vieja, huir sin otra posesión que una mochila abastecida de confianza.

Largos silencios, largos paseos, juegos sin palabras, confesiones; ella se interesa por todo y nunca termina nada, esa es toda su vida contada en una frase, evidencias de una relación que está brotando. El sujeto que quiere vivir desnudo al sol sin preocuparse por el mañana, se toma un momento, reposa la cabeza sobre la almohada; decidir la visión del mundo, una visión del mundo, su nueva visión del mundo no es tan fácil, ahora no está contento con su vida, para sí se queja de que no tiene futuro, ni ambiciones, ni retos. La mujer misteriosa, la mujer agujero negro existencial dice atraer la desgracia, y tras la desgracia la huida, huir de no se sabe quién para llegar a no se sabe dónde; el discurrir de los hechos llevándose toda una existencia por el camino. Escapar no sólo supone una pérdida material, es el abandono de una parte de la vida, un desgarro; nada más quedan los recuerdos. ¿Quién no ha sentido alguna vez la soledad del espacio perdido, los pasos de la infancia en medio de la inmensidad del universo, la angustia de la memoria? ¿Quién no desea alguna vez pasar el tiempo mirando las estrellas desde el puente de mando, juntos el uno al lado del otro, sin tener nada que decirse, sintiéndose a gusto de ser como todo el mundo, cansados de ser diferentes, satisfechos de acabar sus vidas como no pensaban que les hubiese gustado vivir?

La ciencia ficción es el marco, el decorado, el escenario que estimula la imaginación del lector para poner paisaje a las reflexiones de la voz en off, los mundos que ayudan, en figurada contradicción, a la complejidad dramática de la simplicidad narrativa de la historia. Primeros planos protagonistas, primeros planos de objetos, de dedos, de manos, de caras, de bocas, de nariz, de ojos; abstracciones retorcidas, espirales laberínticas, círculos concéntricos; minimalista geometría del subconsciente que expresa un mundo de autodescubrimiento. 
Lectura satisfactoria.