lunes, 6 de junio de 2016

CUENTO ÍNFIMO.21

A menudo paso por la calle donde ella vive. Me detengo a mirar cuidadoso los viejos balcones del austero edificio; y, apenas iluminada por la tenue luz del ocaso, tendida desnuda sobre la cama, me parece ver en su habitación a la joven de mirada triste y sonrisa brillante.