domingo, 22 de mayo de 2011

BANANA YOSHIMOTO; “KITCHEN”.

 El destino nos viene marcado, la figura humana se desliza por las alternativas de la existencia con libertad aparente, consumiendo las rutas del itinerario trazado. Todos estamos solos y la muerte es inevitable. El universo emocional (sencillo, lineal, claro, no por ello menos complejo) se edifica, sin grandes contradicciones, al hilo de los acontecimientos; los estados de ánimo capitulan al drama cotidiano, exentos de malquerencia vengativa contra la vida, ni aborrecerla ni amarla, asunción estoica que no roba esperanzas pero tampoco las regala. El alma callada que no muda, discreta que no ausente, asomada al vértigo del ser y del vacío, busca consuelo en el calor de la compañía de los desamparados con el humilde propósito de salvarse los unos a los otros; y encuentra el rincón donde ahogar la pena, desprenderse de la angustia asfixiante, liberar el dolor reprimido y refugiarse de la vorágine de la tragedia; un paraíso asombroso (alegoría de la felicidad) en el que recuperar la autoestima sorteando las trampas de los juegos de la mente que intentan hacerla caer en el autoengaño, ese lugar es la cocina, el útero materno del cuerpo de una casa, allí elabora con sutil esmero deliciosos platos, allí purifica ollas, vasijas y pucheros, allí duerme tumbada en el suelo bajo el arrullo vibrante de la nevera y allí a solas con los recuerdos, sueña y justifica su razón de ser. Recogimiento sonámbulo corolario de la tormenta de sentimientos heridos, parábola de la imposibilidad de comunicación en un mundo cerrado, del que hay que emigrar si se desea ser feliz por encima de todos los hechos negativos que suceden (saber ser feliz en la infelicidad). Una vez aprendido lo que es importante, la lección es que la desesperación no tiene porque traducirse en liquidación.
   Economía de las palabras, economía de las descripciones, simplicidad en las ideas, minimalismo narrativo, jardín zen literario; cuento lírico en el que aparentemente nada ocurre, pleno de angustia existencial y de exploración en el laberinto de las relaciones humanas. Las vivencias, los sentimientos se alzan sobre la trama. Se establece una corriente empática entre el lector y la mente y el corazón de los personajes. Historia contada con encanto naif que la imaginación transforma en manga, en un bonito manga.

  Quizás alguno de los motivos expuestos sirva para explicar porqué, en el año de su publicación (1987), esta novela primeriza se convirtió en un éxito inmediato de ventas en Japón y su autora en una superestrella, dando origen entre los jóvenes japoneses al fenómeno de la bananamanía. Si se desea pertenecer al club nada tan ameno como leerla.